martes, 3 de julio de 2012

LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE



 BREVE ENSAYO.
LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE.



                              
                            
PRESENTA

VLADIMIR ALEXANDER DE LA ROSA TUN.

ASESOR UNIDAD 072 UPN.
MTRA. MARTHA PATRICIA LÓPEZ Y LÓPEZ



TAPACHULA;  CHIAPAS, JUNIO  DE 2012.





INTRODUCCIÓN.


El presente ensayo intenta defender una idea clave sobre la necesidad de cambiar de paradigma evaluativo que prevalece en cada institución educativa, entendiendo no solo que las nociones exploratorias son recientes y que en el marco institucional aun prevalece un profundo “jaloneo” entre lo que se concibe como evaluar y sus prácticas institucionalizadas, mismas que se arraigan en el empirismo, en la pseudo concreción, lejos del constructo verdadero y necesario para transformar no solo la practica sino sobre todo sus resultados.

Del mismo  modo entender dicho paradigma no solo exige una revisión profunda de los pilares teórico metodológicos que en consecuencia no solo se traducen en aproximaciones por lo complejo que la noción de práctica educativa, aprendizaje y connotación de calidad e innovación polarizan los referentes; además de los contextos y lo multifacético que representa la explicitación del curriculum en el salón de clases cotidianamente, que lejos del estado de confort que ha prevalecido hoy en pleno siglo XXI, aboga por nuevos roles sustanciales, a una visión compartida en el modo de proceder, juzgar y tomar decisiones.


LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE.


La comprensión de la evaluación basada en competencias y del auge que ha tomado la misma, exige responder a varias interrogantes que parten de clarificar cuál es la utilidad de este tipo de evaluación, cuál es su finalidad, qué es lo que se mide  y se evalúa actualmente, hasta arribar a respuestas relacionadas con dónde estamos y hacia dónde vamos en materia de evaluación[1].


En consecuencia entender el concepto de evaluación, sin duda es navegar por un océano de aseveraciones y prácticas que han respondido a múltiples enfoques y nociones tal  como lo argumenta Julio Pimienta Prieto, ya que para él es de vital importancia conocer las etapas históricas inicialmente que la matizan precisando dos momentos históricos fundamentales conocidos como el periodo tyleriano y el posterior a este, entendiendo los siete modelos principales que han preexistido en la evaluación educativa y sus peculiaridades dentro de los que podemos notar la evolución que va desde  el modelo tyleriano hasta el sistémico de de la Orden Hoz.[2]

Modelos que sin duda han respondido como todo antecedente a un momento histórico particular y a las necesidades formativas de las sociedades que en su momento han permeado los enfoques y practicas reales en los entornos educativos, no sin antes precisar también que hablar de educación y sobre todo del aprendizaje como proceso, ningún aporte adquiere estandarización y no se aleja de polémicas o connotaciones subjetivas.

 De ahí que en un marco transdisciplinar, sistémico y orientado hacia la consumación de competencias que hoy se exige en pleno siglo XXI, la aproximación metodológica conceptual que debería matizar cualquier modelo no debe olvidar que en la era del conocimiento más que clasificar y estandarizar resultados, exige un juicio fundado y una perspectiva humanista hacia el conocimiento puntual de las capacidades y de las debilidades de cada ente en formación para poder consumar en él propuestas de mejora permanente en función de sus intereses de formación o de sus aptitudes.

Por lo que resulta de gran valor responder siempre al qué, al cómo, al porqué y para qué evaluar, donde reside no solo lo filosófico de la evaluación sino lo epistémico de este proceso complejo, holístico y plurideterminado que alejado de toda rutina, no  solo atenta contra los viejos estilos conductistas de observar la realidad, sino lo impulsa a una nueva matización ecléctica y sustantiva apegada a una rigurosidad, cientificidad y temporalidad cíclica ó perpetua.

Es decir; tomando en cuenta lo anterior, la evaluación por competencias implica un diseño complejo que deberá incluir todos los aspectos de manera articulada y que por lo tanto deberá ser: inicial, formativa y sumativa, cualitativa y cuantitativa, cognitiva, conductual, emocional, ética y cultural ; lo que nos deberá llevar a la evaluación del desempeño del estudiante frente a situaciones complejas en las cuales deberá desplegar la competencia adquirida mediante la utilización de diversos instrumentos y herramientas, que nos permitan tanto promover que éste las despliegue, como incidir en su proceso de adquisición y en el resultado que se obtiene.

Entendiendo por instrumento aquello que produce el sujeto para apropiarse de la cultura y el lenguaje, que en este caso el discente y  por herramienta lo que produce el mediador, en este caso el docente, para intervenir en dicho proceso de apropiación interpretación de ambos elementos en la evaluación.

Los instrumentos entonces que  irán desde aquellos que  nos permitan obtener y registrar la información sobre lo que el estudiante hace, como son los diarios de campo, los registros anecdóticos, los puntos de referencia, las listas de cotejo con los que se identifiquen si los indicadores de desempeño de una competencia se han ido logrando, así como aquellos productos en los cuales se observa la evidencia de que la competencia se ha desplegado como son los trabajos en clases, resúmenes, investigaciones, modelos etc.

No obstante haciendo mención de que los estudiantes realizan productos en los que se observa la evidencia de lo que aprendieron en el proceso y también en el resultado, sobre todo cuando son productos que emergieron de enfrentar una situación didáctica como sería el caso del proyecto de un video de un problema ecológico de la comunidad por citar un ejemplo.

Aunado a esto conceptualizar la competencia como una unidad de desempeño complejo ofrece la oportunidad de lograr mejores procesos para mejorar, ya que como se ha manifestado contamos con aportes de múltiples corrientes y de varias disciplinas a la vez, asunto que provee de herramientas para identificar los errores y corregirlos. Por ejemplo si solo nos limitásemos a identificar el proceso cognitivo como se ha mencionado antes, qué tanto construye el conocimiento el estudiante y qué tanto sabe, no se observa como resuelve en la práctica las situaciones, lo que incluye los valores o actitudes para hacerlo.

De ahí que unos estudiantes de secundaria pueden saber sobre el sexo, puedan incluso señalar que toman decisiones adecuadas sobre el mismo y que adoptan conductas responsables haciendo uso del condón pero cuando se les cuestiona sobre la razón por la que se embarazó “X” compañera pueden responder: “Se lo merece, para que se dejó”… Dicha respuesta incluye como vemos una postura que demuestra que si saben sobre el tema, también expresan valores culturales que aplican para analizar la realidad. Si bien están haciendo uso de sus conocimientos, pero no asumen una actitud favorablemente democrática que considere la problemática de género.

En este sentido una evaluación más compleja de los procesos y de los resultados de los aprendizajes nos llevaría como podemos inferir a identificar en qué nos equivocamos, qué falta por hacer, en qué dimensiones no se ha trabajado, qué aspectos de las competencias establecidas requiere fortalecerse y que se debe hacer al respecto.

Por otra parte al observar lo que hace el estudiante e intervenir en sus procesos de producción estamos también promoviendo que sea él o ella los que aprendan e identificar sus errores, a detectarlos, lo que trae como consecuencia el desarrollo de su pensamiento crítico que permite ser íntegramente competente.
En consecuencia, las personas exitosas son aquellas que pueden analizar su propio desempeño, lo que esperan que hagan y las pautas para mejorarlas, corrigiendo sus propios errores. En este sentido, una evaluación compleja incluye también acciones de mejora continua por parte del estudiante lo que se convierte en un proceso relacional, donde el docente evalúa si se aprendió, si se obtuvieron los resultados por el proceso que se llevó a cabo, lo que hace verificar su papel, al mismo tiempo en que identifica sus propias áreas de mejora, pero el estudiante también hace su parte al identificar como puede mejorar utilizando las rúbricas y su propia producción para tal efecto, estableciendo pautas concretas de cambio.
La definición de indicadores o pautas de índole cualitativo que se ponderan cuantitativamente en un  rúbrica llámese de tipo analítica u holística sobre lo que deberán hacer los discentes para obtener mejores resultados, es también una aportación para los padres de familia para los directivos escolares y para otros compañeros docente, ya que al analizar lo que se efectuó y como se efectuó se pueden identificar los logros, aciertos, dificultades y retos, resultando esto en aprendizajes que pueden promover el cambio a nivel de familia, de escuela y de nivel escolar, ya que el proceso de evaluación es más transparente, incluyente y rendidor de cuentas.
 En síntesis cuando todos los actores involucrados en el proceso conocen qué se evalúa, cómo se evalúan pueden participar y coadyuvar para mejorar. Por tanto, cuando se lleva a cabo una evaluación por competencias tomando en cuenta la relación de los actores que participan y en el resultado aumenta su complejidad, pero garantiza indiscutiblemente la obtención de mejores resultados.
Como todo proceso de evaluación se requiere hacer un balance entre el antes, el durante y el después de manera que se logre identificar lo que se hizo y lo que falta por hacer para llegar a la meta, lo que ya se logró y lo que no, lo que sucedió y cómo sucedió analizando todas las dimensiones y características tanto cualitativas como cuantitativas de manera que se pueda integrar una fotografía completa del escenario que se pretende evaluar; ya que de parcializarse esa mirada necesaria no solo corremos el riesgo de soslayar indicadores valiosos de mejora sino dar marcha atrás a los intentos por potenciar a la evaluación como instrumento de mejora sino  sobre todo de aprendizaje.

 

CONCLUSIONES


Hablar de evaluación como se ha manifestado apelando a múltiples orientaciones que van desde Tobón, Frade, Sanmartí, Pimienta Prieto, Perrenoud y otros más; es entender que una referencia a la luz de las teorías puede existir cuidando la integralidad de lo aprendido, pero es en la práctica real, integral y compartida entre maestros y alumnos donde podrán traducirse múltiples formas de evaluar cuidando sobre todo el desempeño de cada alumno, canalizando esfuerzos compensatorios y meta evaluativos hacia su potencialidad y la movilización efectiva de sus competencias que se han venido estructurando a partir de la intervención docente.

Aunado a tal concepción resulta de  vital importancia entender el dinamismo que debe imperar hacia el diseño de instrumentos de evaluación  no solo como una metodología exigente y vanguardista que guarda en su intencionalidad más que medir y clasificar al alumnado en ser una visión compartida y retroalimentadora donde maestro y alumno, serán quienes se fortalezcan en sus capacidades autogestoras de aprendizajes no solo para ser mejor cada día en el ámbito laboral e institucional sino el humano para consolidar un proyecto ético de vida fincado en la auto realización, participación y equidad.

 

BIBLIOGRAFÍA


Pimienta Prieto Julio H. (2008). Evaluación de los aprendizajes Un enfoque basado en competencias. México.


Ruíz Iglesias Magalys (2009). Cómo evaluar el dominio de competencias. México.





[1][1] Magalys Ruíz Iglesias. Cómo Evaluar el Dominio de Competencias. Trillas. México 2009.
[2] http://redalyc.uaemex.mx/pdf/155/15590110.pdf

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