martes, 3 de julio de 2012

SINTESIS "LA EVALUACIÓN PARA LA AUTOREGULACIÓN: UN VERDADERO DESAFÍO"


Breve síntesis.




LA EVALUACIÓN PARA LA AUTOREGULACIÓN: UN VERDADERO DESAFÍO.

En el marco de las nuevas reformas educativas la evaluación eficaz y efectiva se desea como parte sustancial para elevar cualitativamente los resultados. Invitando a poner en relevancia el aprendizaje por encima de la enseñanza; al mismo tiempo se orienta a obedecer a una pedagogía crítica que la debiera regular entendiéndola como proceso dialéctico en el que se reconstruyen experiencias y donde se enfoca el proceso por encima del resultado.
En ese mismo tenor, se destaca el rol docente y del alumno, donde el primero será un investigador permanente de los procesos instrumentados en el aula y  diseñados previamente a conciencia, involucrando  todos los instrumentos requeridos para hacer de la evaluación una fortaleza hacia la toma de decisiones o la emisión de un juicio, coadyuvando por igual a su propia auto superación profesional en su rol de medidador o facilitador de aprendizajes significativos y en el diagnóstico de las limitantes de su intervenir.

Dentro de lo que cabe decir hacia el rol del alumno; éste debe involucrarse en sus procesos y en el conocimiento de los resultados previamente pautado u orientados, es decir; impulsarlo a desarrollar una evaluación hacia la autoregulación, que le permita conocer su modo de aprender, sus fortalezas y debilidades con un perpetuo dinamismo.

Ya que de seguirse instrumentando un proceso aislado, tradicionalista y carente de innovación como el que hasta la actualidad ha prevalecido en el aula, la evaluación dejará de ser una herramienta fundamental hacia esa tan ansiada calidad educativa.

Por tanto, apelar a un nuevo paradigma evaluativo, implica tener en cuenta diversos vicios que erradicar o prácticas del pasado como han sido: reducir su proceso complejo a un simple examen, conceptualizar la práctica evaluativa como sinónimo de solo calificación y efectuarla de manera empírica.


1.- Reducir su proceso complejo a un simple examen.

El examen como instrumento esencial ha prevalecido desde antaño en las aulas como único elemento para emitir un juicio que impulsa a la acreditación o no de un alumno, promoviendo no solo un golpe psicológico sustancial o trauma en cada uno de los educandos, pero lejos de tal incidencia reducir todo proceso intelectual aislado proceso evidenciador con lápiz y papel, deja fuera múltiples aspectos actitudinales, habilidades o destrezas.

Examen también que pese a su utilización ilimitada que aunado a su mal diseño y orientación no cumple con sus expectativas exploratorias, que lejos de contribuir a que el alumno evidencie limitantes o fortalezas se refugie en la memorización o el recuerdo.

2.- Concebir al proceso evaluativo al de calificar.

Ambigüedad conceptual que hoy se precisa erradicar, consumando posturas integrales hacia un proceso continuo, holístico y permanente, que lejos de reducir todo a un “numeral” (calificación), se centre en el desempeño de los educandos en circunstancias inéditas o desafiantes dentro del entorno áulico como fuera de éste. Primeramente como evidencia de lo que adquirido en el entorno educativo, pero lo más importante hacia un plano más prospectivo.

3.- Evaluar como proceso empírico.

Evaluar en esta era del conocimiento exige un verdadero sustento teórico metodológico que permita no solo concebir nociones sustanciales de todos los procesos involucrados en el quehacer cotidiano, por lo que la evaluación nada excluida de esas nociones  exige llevarla al plano formativo e investigativo donde como fortaleza incidiría en cultivar una nueva cultura evaluable y orientada hacia fines más humanos y éticos.

Finalmente dándole sentido y orientación hacia el nuevo rol frente a la concepción de la evaluación en la educación básica es oportuno  apelar al principio pedagógico: (1.7) Evaluar  para aprender según el plan de estudios 20011  (SEP,2011.Pág. 31) resume múltiples aspectos insoslayables al terrenalizar dicho proceso como son:

a) El docente como encargado de la evaluación de los aprendizajes, quien realiza el seguimiento, crea oportunidades de aprendizaje y hace modificaciones en su práctica para que los discentes logren los aprendizajes establecidos.

b) La evaluación como proceso que permite obtener evidencias, elaborar juicios y brindar retroalimentación sobre los logros de aprendizajes de los alumnos a lo largo de su formación.

c) Para que el enfoque formativo sea parte del proceso mismo, el docente debe compartir con los alumnos y sus madres o padres de familia o tutores lo que se espera que aprenda, así como los criterios de evaluación.

d) Promover distintos tipos de evaluación, tanto por el momento en que se realizan como por quienes intervienen: las diagnósticas, que ayudan a conocer los saberes previos de los estudiantes; las formativas, que se realizan durante los procesos de aprendizaje y son para valorar los avances y las sumativas, para el caso de educación primaria y secundaria, cuyo fin es tomar decisiones relacionadas con la acreditación, no así en el nivel preescolar, donde la acreditación se obtendrá solo por hecho de haberlo cursado.

e) Promover  la autoevaluación y la coevaluación entre los estudiantes, además de la heteroevaluación, dirigida  y aplicada por el docente, que contribuye al mejoramiento de los aprendizajes  de los estudiantes mediante la creación de oportunidades y la mejora de la práctica docente.

f) Coadyuvar a la orientación hacia una evaluación objetiva, donde es necesario identificar las estrategias e los instrumentos adecuados para el nivel de desarrollo y aprendizaje de  los estudiantes.  Instrumentos que deberán usarse para la obtención de evidencias certeras como son: rúbricas o matriz de verificación, listas de cotejo, anecdotarios, observación directa, producciones escritas y gráficas, portafolios, esquemas, pruebas escritas u orales.

En conclusión:

Un nuevo paradigma hacia el proceso evaluativo exige una  impostergable re conceptualización en la práctica docente,  que vincula un proceso gradual, planeado e incluyente, conlleva un compromiso compartido entre los diversos actores involucrados en el PEA. Además se enfoca a la autoregulación que implica un beneficio hacia el maestro  pero sobre todo al alumno.

En correspondencia al plano normativo, estipula una orientación instrumental, efectiva en teoría que trasciende hacia los tipos, tiempos y características del proceso; sin embargo  el reto es comprender a cabalidad su operatividad, compartir las experiencias y los resultados en diversos contextos plurideterminados o adversos.

SÍNTESIS "PREVISIONES PARA LA INSTRUMENTACIÓN DE LA EVALUACIÓN EN EL AULA".


                        SÍNTESIS.
 
 











PREVISIONES PARA LA INSTRUMENTACIÓN DE LA EVALUACIÓN EN EL AULA.

Hablar desde el enfoque formativo de la evaluación y procurando delinear sus rasgos metodológicos que deberían operarse en un entorno real o específico, existen indicadores que deben ser tomados muy en cuenta entre los que figuran según Picaroni (2009)[1] y Frade Rubio (2009): las necesidades de  los alumnos, las características contextuales y los diversos tipos de evaluación a ser llevados a la práctica (autoevaluación, coevaluación, heteroevaluación; etc.). Por lo que como es de todos bien sabido existe una  imperante necesidad de revolucionar el concepto.
                Concepto en el que se destaca la exploración del desempeño como parte fundamental del enfoque por competencias, que conlleva la puesta en práctica de múltiples instrumentos, el tratamiento de la información recabada, y a partir de esta última la emisión de un juicio, pero sobre todo impulsándose hacia la autoregulación perpetua en los educandos para mejorar día a día, exigiendo tener bien en claro tres momentos sustanciales:
1.-Que los estudiantes comprendan por qué se les evalúa.
2.-  Comunicación efectiva de los resultados.
3.- Uso efectivo de los insumos de la evaluación hacia el fortalecimiento de la toma de decisiones.
                Destacándose de estos tres procesos la comunicación de los resultados (punto 2), donde se encuentran tres procesos subordinados a la vez hasta hoy demasiados desequilibrados como son el de valoración, orientación y devolución, siendo este último una necesidad el de permitir que el educando logre entender sus deficiencias, las supere y  autodomine hacia una mejora continua, partiendo de los tropiezos o errores en los diferentes momentos del proceso de construcción de aprendizajes es decir; encaminarlo a la metaevaluación según algunos autores.
Del mismo modo en un rol dinámico que debe caracterizar la evaluación, es tomar en cuenta el fortalecimiento de las habilidades micrológicas y las macrológicas, siendo éstas últimas las de orden superior no solo hacia el pensamiento complejo sino hacia  la interdisciplinariedad de lo aprendido. Que debe partir desde el enfoque que define una línea base de actuación, procurando asumir un equilibrio entre el enfoque  cualitativo y cuantitativo.
La evaluación por consiguiente, orientada al desempeño según Frade (2009) exhorta además a tomar en cuenta cuatro pilares para guiar el proceso, del que destaca la evaluación implícita centrada en observar la Zona de desarrollo Próximo del estudiante (ZDP), en qué medida puede el alumno con las tareas propuestas, qué es lo que hace en realidad y cuál es su potencial para desarrollarlo mediante una intervención eficaz y efectiva, siendo entre pares más que de manera externa o manipulativa la que dará magníficos resultados.
Dentro de lo que obedece al alcance de los instrumentos, independientemente de su variación o multiplicidad que exige dicho enfoque llámese listas de cotejo, portafolios, rúbricas, lista de valoración, anecdotarios, diario de campo y demás; estos más que ser mecanismos de verificación deben orientar a un proceso de interiorización reflexiva.
De ahí que se diga que más que recopilar evidencias será necesario impulsar el autocontrol y la autorregulación del sujeto mediante el análisis de estos productos. Es decir; cuando se analizan se provee un mecanismo de regulación externo, por lo tanto, la acción evaluatoria se da desde afuera hacia dentro del sujeto. Esto es que el producto fue elaborado de adentro hacia afuera del sujeto, es su producción, partió de su ser y de su conciencia hacia la realidad externa que lo circunda; por lo tanto es un proceso de exteriorización reflexiva.
Finalmente dentro de este mismo marco sea con tendencias autoregulativas, auto formativas, cumpliendo un proceso holístico e integral, la evaluación en este nuevo paradigma no deberá olvidar  siempre abonar al lado humano, capacitando a todos los individuos a que puedan consumar capacidades innatas de aprendizaje para enrolarse no solamente activa sino integralmente en proyectos éticos de vida, capaces de ir en constante dinamismo hacia la búsqueda incansable de la autorrealización como personas o como profesionistas siendo a la vez consientes de sus fortalezas y sus debilidades.
En ese mismo tenor de ideas compartiendo el punto de vista de Neús Sanmartí sobre la evaluación (2007), en su texto “10 ideas clave Evaluar para aprender” se destacan también  algunas ideas  insoslayables como son:
a) De la evaluación depende tanto qué, como el qué y el cómo se aprende.
b) La evaluación es para lograr la regulación tanto de las dificultades y errores del alumnado, como del proceso de enseñanza.
c) En la evaluación el  error siempre será útil.
d) Lo más importante es aprender a autorregularse.
e) En el aula todos nos autoregulamos
f) La evaluación solo calificadora no motiva.

En consecuencia hablar de evaluación en este nuevo marco de reforma es abogar por una nueva percepción, instrumentar una nueva metodología fincada en principios que permitan no solo canalizar prácticas diferenciadoras sino incluyentes, humanistas, que permitan que el desempeño sea factible entre lo que se desea y lo que se cosecha, aunado a estándares internacionales nada exentos de polémicas  o resistencias por la normatividad impuesta pero que en el compromiso por formar verdaderamente alumnos en pleno siglo XXI, se haga a pesar de todas las adversidades el mayor esfuerzo.

En conclusión: Las  prácticas arraigadas en el proceso evaluativo que aun prevalece en la escuela hacen ver las discrepancias e inconsistencias que existen en la realidad al contrastar los matices teóricos de múltiples investigadores, que para patentizar el nuevo rol protagónico en el quehacer docente frente al proceso evaluativo exige no solo una nueva revitalización del proceso, sino una verdadera convicción de cambio hacia una nueva instrumentación de la evaluación por competencias en el aula, que se aleja de toda rutina apegada al desempeño y una metodología definida para priorizar una postura cualitativa en pos de una autorregulación efectiva y fincada en el aprendizaje por encima de la enseñanza, permite con esas salvedades que el  docente y el alumno sea dos agentes de mejora continua o permanente.








Vladimir Alexander De la Rosa Tun. UPN. 072. 09/06/2012.


[1] Vid.. http://gteepreal.blogspot.com/2009/09/la-evaluacion-en-las-aulas-de-primaria.html

LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE



 BREVE ENSAYO.
LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE.



                              
                            
PRESENTA

VLADIMIR ALEXANDER DE LA ROSA TUN.

ASESOR UNIDAD 072 UPN.
MTRA. MARTHA PATRICIA LÓPEZ Y LÓPEZ



TAPACHULA;  CHIAPAS, JUNIO  DE 2012.





INTRODUCCIÓN.


El presente ensayo intenta defender una idea clave sobre la necesidad de cambiar de paradigma evaluativo que prevalece en cada institución educativa, entendiendo no solo que las nociones exploratorias son recientes y que en el marco institucional aun prevalece un profundo “jaloneo” entre lo que se concibe como evaluar y sus prácticas institucionalizadas, mismas que se arraigan en el empirismo, en la pseudo concreción, lejos del constructo verdadero y necesario para transformar no solo la practica sino sobre todo sus resultados.

Del mismo  modo entender dicho paradigma no solo exige una revisión profunda de los pilares teórico metodológicos que en consecuencia no solo se traducen en aproximaciones por lo complejo que la noción de práctica educativa, aprendizaje y connotación de calidad e innovación polarizan los referentes; además de los contextos y lo multifacético que representa la explicitación del curriculum en el salón de clases cotidianamente, que lejos del estado de confort que ha prevalecido hoy en pleno siglo XXI, aboga por nuevos roles sustanciales, a una visión compartida en el modo de proceder, juzgar y tomar decisiones.


LA EVALUACIÓN COMO CENTRO DEL APRENDIZAJE.


La comprensión de la evaluación basada en competencias y del auge que ha tomado la misma, exige responder a varias interrogantes que parten de clarificar cuál es la utilidad de este tipo de evaluación, cuál es su finalidad, qué es lo que se mide  y se evalúa actualmente, hasta arribar a respuestas relacionadas con dónde estamos y hacia dónde vamos en materia de evaluación[1].


En consecuencia entender el concepto de evaluación, sin duda es navegar por un océano de aseveraciones y prácticas que han respondido a múltiples enfoques y nociones tal  como lo argumenta Julio Pimienta Prieto, ya que para él es de vital importancia conocer las etapas históricas inicialmente que la matizan precisando dos momentos históricos fundamentales conocidos como el periodo tyleriano y el posterior a este, entendiendo los siete modelos principales que han preexistido en la evaluación educativa y sus peculiaridades dentro de los que podemos notar la evolución que va desde  el modelo tyleriano hasta el sistémico de de la Orden Hoz.[2]

Modelos que sin duda han respondido como todo antecedente a un momento histórico particular y a las necesidades formativas de las sociedades que en su momento han permeado los enfoques y practicas reales en los entornos educativos, no sin antes precisar también que hablar de educación y sobre todo del aprendizaje como proceso, ningún aporte adquiere estandarización y no se aleja de polémicas o connotaciones subjetivas.

 De ahí que en un marco transdisciplinar, sistémico y orientado hacia la consumación de competencias que hoy se exige en pleno siglo XXI, la aproximación metodológica conceptual que debería matizar cualquier modelo no debe olvidar que en la era del conocimiento más que clasificar y estandarizar resultados, exige un juicio fundado y una perspectiva humanista hacia el conocimiento puntual de las capacidades y de las debilidades de cada ente en formación para poder consumar en él propuestas de mejora permanente en función de sus intereses de formación o de sus aptitudes.

Por lo que resulta de gran valor responder siempre al qué, al cómo, al porqué y para qué evaluar, donde reside no solo lo filosófico de la evaluación sino lo epistémico de este proceso complejo, holístico y plurideterminado que alejado de toda rutina, no  solo atenta contra los viejos estilos conductistas de observar la realidad, sino lo impulsa a una nueva matización ecléctica y sustantiva apegada a una rigurosidad, cientificidad y temporalidad cíclica ó perpetua.

Es decir; tomando en cuenta lo anterior, la evaluación por competencias implica un diseño complejo que deberá incluir todos los aspectos de manera articulada y que por lo tanto deberá ser: inicial, formativa y sumativa, cualitativa y cuantitativa, cognitiva, conductual, emocional, ética y cultural ; lo que nos deberá llevar a la evaluación del desempeño del estudiante frente a situaciones complejas en las cuales deberá desplegar la competencia adquirida mediante la utilización de diversos instrumentos y herramientas, que nos permitan tanto promover que éste las despliegue, como incidir en su proceso de adquisición y en el resultado que se obtiene.

Entendiendo por instrumento aquello que produce el sujeto para apropiarse de la cultura y el lenguaje, que en este caso el discente y  por herramienta lo que produce el mediador, en este caso el docente, para intervenir en dicho proceso de apropiación interpretación de ambos elementos en la evaluación.

Los instrumentos entonces que  irán desde aquellos que  nos permitan obtener y registrar la información sobre lo que el estudiante hace, como son los diarios de campo, los registros anecdóticos, los puntos de referencia, las listas de cotejo con los que se identifiquen si los indicadores de desempeño de una competencia se han ido logrando, así como aquellos productos en los cuales se observa la evidencia de que la competencia se ha desplegado como son los trabajos en clases, resúmenes, investigaciones, modelos etc.

No obstante haciendo mención de que los estudiantes realizan productos en los que se observa la evidencia de lo que aprendieron en el proceso y también en el resultado, sobre todo cuando son productos que emergieron de enfrentar una situación didáctica como sería el caso del proyecto de un video de un problema ecológico de la comunidad por citar un ejemplo.

Aunado a esto conceptualizar la competencia como una unidad de desempeño complejo ofrece la oportunidad de lograr mejores procesos para mejorar, ya que como se ha manifestado contamos con aportes de múltiples corrientes y de varias disciplinas a la vez, asunto que provee de herramientas para identificar los errores y corregirlos. Por ejemplo si solo nos limitásemos a identificar el proceso cognitivo como se ha mencionado antes, qué tanto construye el conocimiento el estudiante y qué tanto sabe, no se observa como resuelve en la práctica las situaciones, lo que incluye los valores o actitudes para hacerlo.

De ahí que unos estudiantes de secundaria pueden saber sobre el sexo, puedan incluso señalar que toman decisiones adecuadas sobre el mismo y que adoptan conductas responsables haciendo uso del condón pero cuando se les cuestiona sobre la razón por la que se embarazó “X” compañera pueden responder: “Se lo merece, para que se dejó”… Dicha respuesta incluye como vemos una postura que demuestra que si saben sobre el tema, también expresan valores culturales que aplican para analizar la realidad. Si bien están haciendo uso de sus conocimientos, pero no asumen una actitud favorablemente democrática que considere la problemática de género.

En este sentido una evaluación más compleja de los procesos y de los resultados de los aprendizajes nos llevaría como podemos inferir a identificar en qué nos equivocamos, qué falta por hacer, en qué dimensiones no se ha trabajado, qué aspectos de las competencias establecidas requiere fortalecerse y que se debe hacer al respecto.

Por otra parte al observar lo que hace el estudiante e intervenir en sus procesos de producción estamos también promoviendo que sea él o ella los que aprendan e identificar sus errores, a detectarlos, lo que trae como consecuencia el desarrollo de su pensamiento crítico que permite ser íntegramente competente.
En consecuencia, las personas exitosas son aquellas que pueden analizar su propio desempeño, lo que esperan que hagan y las pautas para mejorarlas, corrigiendo sus propios errores. En este sentido, una evaluación compleja incluye también acciones de mejora continua por parte del estudiante lo que se convierte en un proceso relacional, donde el docente evalúa si se aprendió, si se obtuvieron los resultados por el proceso que se llevó a cabo, lo que hace verificar su papel, al mismo tiempo en que identifica sus propias áreas de mejora, pero el estudiante también hace su parte al identificar como puede mejorar utilizando las rúbricas y su propia producción para tal efecto, estableciendo pautas concretas de cambio.
La definición de indicadores o pautas de índole cualitativo que se ponderan cuantitativamente en un  rúbrica llámese de tipo analítica u holística sobre lo que deberán hacer los discentes para obtener mejores resultados, es también una aportación para los padres de familia para los directivos escolares y para otros compañeros docente, ya que al analizar lo que se efectuó y como se efectuó se pueden identificar los logros, aciertos, dificultades y retos, resultando esto en aprendizajes que pueden promover el cambio a nivel de familia, de escuela y de nivel escolar, ya que el proceso de evaluación es más transparente, incluyente y rendidor de cuentas.
 En síntesis cuando todos los actores involucrados en el proceso conocen qué se evalúa, cómo se evalúan pueden participar y coadyuvar para mejorar. Por tanto, cuando se lleva a cabo una evaluación por competencias tomando en cuenta la relación de los actores que participan y en el resultado aumenta su complejidad, pero garantiza indiscutiblemente la obtención de mejores resultados.
Como todo proceso de evaluación se requiere hacer un balance entre el antes, el durante y el después de manera que se logre identificar lo que se hizo y lo que falta por hacer para llegar a la meta, lo que ya se logró y lo que no, lo que sucedió y cómo sucedió analizando todas las dimensiones y características tanto cualitativas como cuantitativas de manera que se pueda integrar una fotografía completa del escenario que se pretende evaluar; ya que de parcializarse esa mirada necesaria no solo corremos el riesgo de soslayar indicadores valiosos de mejora sino dar marcha atrás a los intentos por potenciar a la evaluación como instrumento de mejora sino  sobre todo de aprendizaje.

 

CONCLUSIONES


Hablar de evaluación como se ha manifestado apelando a múltiples orientaciones que van desde Tobón, Frade, Sanmartí, Pimienta Prieto, Perrenoud y otros más; es entender que una referencia a la luz de las teorías puede existir cuidando la integralidad de lo aprendido, pero es en la práctica real, integral y compartida entre maestros y alumnos donde podrán traducirse múltiples formas de evaluar cuidando sobre todo el desempeño de cada alumno, canalizando esfuerzos compensatorios y meta evaluativos hacia su potencialidad y la movilización efectiva de sus competencias que se han venido estructurando a partir de la intervención docente.

Aunado a tal concepción resulta de  vital importancia entender el dinamismo que debe imperar hacia el diseño de instrumentos de evaluación  no solo como una metodología exigente y vanguardista que guarda en su intencionalidad más que medir y clasificar al alumnado en ser una visión compartida y retroalimentadora donde maestro y alumno, serán quienes se fortalezcan en sus capacidades autogestoras de aprendizajes no solo para ser mejor cada día en el ámbito laboral e institucional sino el humano para consolidar un proyecto ético de vida fincado en la auto realización, participación y equidad.

 

BIBLIOGRAFÍA


Pimienta Prieto Julio H. (2008). Evaluación de los aprendizajes Un enfoque basado en competencias. México.


Ruíz Iglesias Magalys (2009). Cómo evaluar el dominio de competencias. México.





[1][1] Magalys Ruíz Iglesias. Cómo Evaluar el Dominio de Competencias. Trillas. México 2009.
[2] http://redalyc.uaemex.mx/pdf/155/15590110.pdf

sábado, 31 de marzo de 2012

INTENTO DE NARRATIVA INEVAL 2012.

Un proyecto vivencial con mi grupo de primer ciclo de educación primaria en la escuela rural multigrado Miguel Hidalgo y Costilla.
                                     
En la Sierra Madre de Chiapas, es común que en el mes de Febrero los días son muy ventosos, como consecuencia de un cambio drástico en el clima, el alto contraste entre el clima frio y los fuertes calores, abundando comúnmente los mosquitos, transmisores de enfermedades, como la oncocercosis, el dengue  y el paludismo.

Resguardado en la seguridad de un  aula  de la  escuela Miguel Hidalgo y Costilla;  me encontraba a punto de dar continuidad al fomento de la escritura con los alumnos de primer ciclo con mi grupo multigrado, guiado por la planeación didáctica que con anterioridad había diseñado a conciencia comprendida para las fechas del 6 al 10 del presente, cuidando el tema común con actividades diferenciadas derivadas de algunas sugerencias aun patentes de la PEM 05[1] y acuñadas aun más por la recién socializada PACTAM 2011; sin soslayar por supuesto, los diversos momentos evolutivos por los cuales los niños atravesaban y convencido que esta planeación ya estaba acabada y sin desperfecto alguno.

El conflicto

Cuando de pronto; al interrogar a los niños acerca de qué es lo que recordaban de la clase anterior; Crislin un niño de primer grado dijo sorprendido y a la vez molesto:- ¡Ya me aburrí, el maestro solo eso enseña!. Refiriéndose al trabajo con el alfabeto móvil en parejas para construir la carta alfabética o al trabajo con la lista de asistencia que a diario ellos elaboraban en su modalidad de actividad permanente, que él infería que hoy marcaría el inicio de nuestro rutinario día.

Entonces preocupado por ese planteamiento que me dejó “boquiabierto” y “helado”, me propuse reencauzar el interés de los niños y de inmediato los invité a dar un paseo por la escuela. La idea  encendió la chispa de ánimo y hasta el más aburrido que era Crislin mostró interés, cambió  su rostro de apatía por uno de mejor semblante, lo cual me tranquilizó  un poco, pero no me dejó reponerme del todo del conflicto en que me había metido.

El paseo

El recorrido que ya estaba en puerta tan pronto lo anuncié, de inmediato me obligó a prever su organización cuidando que los niños fueran en pequeños grupos de tres o cuatro, velando además porque cada uno llevara consigo su cuaderno de notas, sus colores y una “cámara fotográfica de cartón”, que fue extraída del material recortable de libro de texto de Conocimiento del Medio  del programa 1993 qué funcionaba aun como instrumento recreativo pero en esta ocasión también sería de aprendizaje.

Al iniciar el recorrido, empezamos por lo más inmediato que eran los baños que por cierto aún estaban cerrados, ya que el compañero “Noelito” quien era el encargado de abrirlos, actualmente se encontraba ocupado calificando las tareas extra clase del día anterior con su grupo de tercero a sexto, por lo que no era pertinente molestar y solo vimos de pasada las  puertas cerradas herméticamente con inviolables candados.

Después vimos con atención el “mohoso” tanque que  a diario se llena al tope con una manguera negra muy poco flexible, que desciende desde el cerro, suministro por cierto que favorece el desperdicio del vital líquido, que libremente se desparrama por allí perdiéndose entre matorrales o que esporádicamente se aprovecha para regar un “coquito” o una “guayabita” como únicos frutales existentes en nuestro patio.

 Arribamos seguidamente al polvoso patio de la institución, tan soleado que “espejeaba” de tanto calor a escasos minutos de las nueve de la mañana y que a pesar del viento incesante que meneaba intempestivamente de un lado para otro la copa de los verdes árboles en los linderos de la escuela, nada amortiguaba  el sol abrazador que caía a plomo y sin piedad alguna sobre nuestras espaldas, por lo que  mejor decidí interrogar:

 -oigan niños, ¿por qué no vamos a la bodega a ver que encontramos?,¿ no creen que sería una mejor idea?

-¡sííí!-, se oyó en coro-

Pero ni bien se acababa de escuchar la aprobación unánime, cuando los niños ya corrían despavoridos hasta la puerta roja de la bodega; por instinto de supervivencia o imitación quizás, corrí también apresurado “al alcance de la tropa” porque me había quedado expectante ante tal suceso.


La bodega.

Apremiado por el avasallante bullicio ya estando junto a ellos, abrí apresurado el candado y como una incontenible “estampida humana” el grupo se introdujo sin mediar palabra alguna al espacio ocupado por mil y un “tiliches” regados por doquier similar a como si un remolino hubiera pasado por ahí a pocos instantes.

-Bueno, bienvenidos-afirmé.

- Por favor, por favor; precisé; observemos con atención este tiradero.

Y la atención de los niños como la mía se centró en múltiples “tomas fotográficas” que a partir de ese momento podríamos rescatar yo con mi cámara digital y los niños con la de cartoncito. Vimos inicialmente como se apilaban al fondo de la triste aula un montón de sillas que casi llegan hasta el techo, que estaban en desuso a causa de sus maltratadas o faltantes piezas o por sus tornillos que se les habían caído; a lado de éstas se encontraba una escalera de doce escalones recién fabricada por algunos padres de familia con madera de pino que expelía aún su inconfundible aroma y en su alrededor múltiples cosas más esparcidas por el suelo.

Cosas olvidadas que figuraban en el suelo y no por eso nada mejor que ser un buen escondite o albergue de una que otra “alimaña” como cucarachas, alacranes, lagartijas y hasta “culebritas “o ¡culebroootas!.  Cosas entre las que pudimos notar  diversos botes vacios de pintura que eran “multi propósito” como para echar agua a los baños, guardar trastes de los desayunos escolares entre otros. Un olvidado aro de fierro color rojo para un tablero de basquetbol que nunca había existido, un montón de materiales eléctricos, algunas herramientas de albañil o carpintero que algún día visitó la escuela para trabajar allí  entre las que se encontraban  una vieja “plana” con residuos de mezcla férreamente adheridos como si hubieran nacido ahí, un martillo algo chato pero contundente, una pala muy amellada y múltiples clavos oxidados por el tiempo alojados en una lata de leche “Nido”.

Además vimos una vieja máquina mecánica marca “Olivetti”, con sus teclas muy pegadas de tanto óxido e incompletas, con otras  partes muy maltratadas, que al fondo se adornaba con una buena cantidad de arena, revuelta con uno que otro insecto como hormigas o pequeñas cucarachas muertas; múltiples cuerpos geométricos destruidos por algún “tocón”; algunos mapas que a lo lejos se veía una delimitación de algunas fronteras o estados con un tenue gis; testigo de alguna clase magistral de Geografía que alguna vez se había disertado.
           
Para variar, observamos dos modelos del tronco del cuerpo humano con sus órganos erróneamente ensamblados, que en la parte de atrás se observaban una plaquita del extinto “SEP GRATUITO PARE” y finalmente mil y una piezas más, entre las que se encontraba la desafiante Pirámide del conocimiento que tristemente desde hace seis ciclos o más quizás, había llegado a la escuela pero que nunca cumplió su cometido.

En fin; tras esa exploración visual profunda y sorpresiva de los niños que si bien múltiples veces habían pasado por la banqueta de esta olvidada aula e incluso habían estado en este lugar por accidente, nunca se habían dado a la tarea de observar meticulosamente este escenario.

¿Cómo y qué aprendimos?.

 Recurriendo a la sagacidad y no desperdiciando la intención de la planeación que en un inicio ya había sido modificada tras el golpe anímico del intrépido Crislin, recurrí a recordar los aprendizajes esperados que la habían guiado y encontré a primera vista la necesidad de organizar en campos semánticos los objetos que el tiempo y el olvido  se habían encargado de fijarlos y por qué no volverles a dar la importancia que algunos merecían.

En un primer paso con ayuda de los niños y las niñas en pequeños equipos de tres integrantes, con la advertencia previa de tener cuidado por las “alimañas” que casualmente podrían encontrarse albergadas en algunos objetos, tratar de agruparlos en diversos campos semánticos entre los que figuraban el de las herramientas, materiales didácticos, utensilios para la elaboración de los desayunos, implementos para la educación física, artículos de aseo o para rehabilitar la escuela.

Actividad que al inició como que no era del todo comprendida a tal grado que alumnos como Eloísa una niña de segundo grado a pesar de un desaprobatorio –¡no seas meeensa! – externado airosamente por Lupe una compañerita de ese mismo grado, no logró del todo entender la actividad clasificatoria, pero  finalmente con un hacer y deshacer; se logró a grandes rasgos la intencionalidad de este primer acercamiento, que involucrando a lo lúdico, se remató  invitando  a los niños a hacer uso de su herramienta de recuerdo “la súper cámara fotográfica” y tomar una fotografía del campo semántico que más les había gustado como había quedado, colorearlo lo más vistoso y creativo posible, que más tarde clasificada en el rubro de evidencia adornaría “pomposamente” una pared de nuestro salón de clases e incluso con eso concluíamos el primer acercamiento.

Suscitando frases tan elocuentes como las de Fabiola de primer grado, quién osadamente compartió:

-Mire maestro aquí dibujé un bote
 – y mire… aquí dice bote, porque use la “b”, la “o”, “t” de taco y la “e” de Eloísa pero en chiquita-
-Correcto- aprobé.

No sin antes cuestionar con la ayuda de unas letras móviles que estaban a mi alcance, ¿qué dirá si sustituyo la “b” por la “m” e incorporo la “m” entre la “o” y la “t”?
-monte, dijo intrépida y sin darle tiempo de pensar a Fabiola- Yanet.

-¿estás de acuerdo Fabiola?, volví a preguntar-

-Sí-, dijo Fabiola con voz insegura.

-¿Por qué?

 -porque está la “m”, la “o”, la “n”, la “t”, y la “e”.


Al día siguiente (Martes 7 de Febrero) procurando no perder el interés  por  visitar nuevamente la bodega como un lugar de múltiples e interesantes aprendizajes; volvimos; donde como segunda ocasión con el propósito de hacer uso del alfabeto móvil y coordinados por la alumna de nombre Maydalí; quien desde primer grado mostró un avance  incuestionable  en la adquisición de la lengua escrita y la lectura.

Situación favorable que permitió enrolarla en el auxilio de otros niños en el dibujo de imágenes apoyadas en la “cámara fotográfica de cartón”[2] y consumar la producción textual de nombres de cada una de las imágenes captadas por la “lente”, no siendo como podemos imaginar una actividad de construcción y reconstrucción tan fácil el guiar a otros discentes encontrados en problemas, como manifestó la reprobación entre esta guía con el alumno Brayan del mismo grado; cuando éste al tratar de dibujar y rotular con sus respectivos nombres las herramientas que se habían encontrado en la bodega y complementando con sus nociones de  otras que utiliza su papá en el oficio de albañil, me dejó convencido que la niña auxiliar en  esta actividad no compartía el punto de vista del aprendiz, quien airosamente y despreocupado presentaba su trabajo al usar escrituras nada convencionales  y nada entendible a los ojos de la guía.

Por lo que más de una ocasión al hacer uso de preguntas Maydalí en términos propios se dirigía al aprendiz interrogándolo -¿qué pusiste aquí?- léelo, e inmediatamente la niña movía la cabeza y buscaba la aprobación en mi mirada de su actitud, mientras yo me “enfrascaba” o me más bien “me hacía de la vista gorda” ocupándome intencionalmente de otros alumnos  para no interrumpir en el conflicto y llegando a conjeturas muy precisas.

Previendo que el resultado también se replicará en otros lados del aula con otras binas y tríos de trabajo, tomé a otros alumnos como monitores, involucré a  Yanet  Candelaria, otra niña alfabética y Julissa del mismo grado, para que igual me auxiliaran con sus compañeros en sus producciones pero los comentarios reprobatorios se exacerbaban fácilmente pasando por un rotundo –no,  a un -no es así-, -tú no sabes-., -¿verdad maestro que no es así?- o a un extremismo radical –como ¡eres de menso, vos no sabes, me caes mal¡-.¡Nunca vas a aprender!.

Cuestiones que me sensibilizaban y e invitaba a intervenir apelando a la cordura y la paciencia de parte de los enseñantes o guías, ya que era necesario, debido que el apoyo entre pares estaba dando resultados muy productivos pese a adversidades,  por la capacidad de hacer un diálogo fluido entre los alumnos, que  en ocasiones me divertía en ese juego del “experto y el aprendiz” y el golpe psicológico que derivaba de esa intención por formarse entre compañeros.

Cuestiones que poco a poco y con un orden de complejidad creciente y con  el arribo a la tercera y cuarta sesión (Miércoles 8 y 9 de Febrero), ya habíamos agotado todo el acervo de los campos semánticos iniciales e incluso ya habíamos decidido diseñar con nuestras tomas fotográficas muy rudimentarias con el material recortable algunas loterías o memoramas derivadas de nuestras visitas a la  bodega escolar.

Siendo una actividad lúdica que incluso hasta una composición literaria se pudo inmiscuir al jugar a la lotería en el salón, que reforzada con la picardía de la intelectualidad infantil se oía en labios del intrépido Crislin una maravillosa composición que rezaba así:

-¡la que tiene escalones y es de madera, la escalera¡

-¡el que tiene cabeza y no tiene pies, el martillo¡.

Momento crucial que exhortaba aun a no dejar de todavía de “extirpar” la variedad de aprendizajes en el proyecto a tal grado que en la quinta sesión (Viernes 10 de Febrero), se pasara no solo a una rotulación de  nombres aislados de los artículos,  sino invitaba a una rotulación de mayor significado haciendo uso de la tinta del plumón, de las fajillas de  papel y del masking tape, anotando no solo nombre respectivos de los objetos y sino incluyendo  algunos datos complementarios.

Además de tener ya a esta altura la certeza  que mediante una chispa de un cuestionamiento se procuraba arribar  una nueva producción y ya a estas altura me había olvidado del trauma de la desaprobación de mi planeación y en una mirada retrospectiva poder decir, que se había podido superar a pesar de todo rediseñando emergentemente las acciones  y encauzando  nuevos aprendizaje y rompiendo con una rutinización de la que era ya una  víctima hasta que un comentario infantil me orientó a darme cuenta.

Por lo que apremiado por continuar, en ese afán de sacar provecho aun más de esa experiencia procedimos a entrar en una fase de reflexión aun mayor, eslabonando conocimientos integrados procurando cuestionar la importancia de los artículos, sus  características, su procedencia y usos; que no solo hizo generar en un principio solo textos escuetos como por ejemplo al tener los botes de pintura en la mano, los niños se hayan atrevido a producir algunas nociones más integrales como Julissa que manifestó:

-los botes tienen agua-

-el bote es verde y está bonito-.

-los botes son de color amario-
.
Producciones inacabadas que si bien no cumplían con todo parámetro de excelsitud, e incluía deficiencias como son la omisión de grafías, segmentación, confusión entre letras entre otros tantas adversidades que superar,  pero daba indicios que cada alumno acorde a su nivel de adquisición de la lengua escrita, daba señales de mas que una convencionalidad refinada, de  una necesidad de expresar su punto de vista particular de las cosas.

En orden gradual, ya para la última sesión (seis del 13 de Febrero) del proyecto se trataron de generar textos concretos que esbozaran ideas un poco más completas a tal grado que la niña Maydalí pudo producir unas descripciones muy completas como: “el martillo es de mi papá y lo usa para clavar clavos mi tillo tiene un martillo que lo compró en belisario” ó en un caso similar con la escalera –la escalera la es de madera y sirve para subir de la casa para componer la lamina”.

Lo evaluativo.

En otro sentido; arribando al  momento de autoanálisis y evaluación final del proyecto precisando a este aspecto como algo importante del proceso formativo, se tuvo el cuidado que a partir de un seguimiento puntual de las adversidades, las inquietudes, los “sabores” y “sinsabores” de la construcción, reconstrucción, diálogo y producción de los niños, hayan por lo menos hecho un intento por generalizar sus patrones evolutivos en la adquisición de la escritura, quedando convencido que es un proceso complejo y que el mínimo atisbo de  interés que los alumnos puedan presentar ante un momento de desesperanza, aburrimiento puede ser un excelente catalizador para conducir un aprendizaje elocuente y productivo.

¿Qué socializamos?

 Finalmente en el marco de una socialización efectiva, procedí a dar una sorpresa a mis propios alumnos llevando al aula algunas fotos reales impresas  tomadas con mi verdadera cámara digital, donde  había podido capturar las imágenes reales desde el comienzo del proyecto puntualizando en acciones de ordenación y  rotulación de objetos y procurar retroalimentar la vivencia que se obtuvo siendo significativa y reconfortante.

Deducción que se validó cuando escuché a los niños en el autoanálisis guiados por el ¿qué aprendí?  o ¿qué me faltó por aprender?; mediado por el material  ilustrativo. Además de surgir  recomendaciones sobre nueva concepción de ser ordenados, el contraste de producciones  de  escritura que pudieron consumar, pero  sobre  todo la interacción que favoreció puentes de dialógicos reales, fomentando del autodominio y el apoyo entre pares.





[1] Recordemos que PEM 05 es la Propuesta Educativa Multigrado que fue la base para el diseño de situaciones didácticas enfocadas al aula multigrado a partir del ciclo escolar 2006-2007;  mientras que la PACTAM 2011, surge como alternativa de innovación ante el desfase de los contenidos que ostentaba la PEM 2005  que se basaba el plan 1993y esta nueva propuesta toma en cuenta la formación por competencias y las nuevas sugerencias didáctico metodológicas de la RIEB.
[2] Material recortable auxiliar en la interacción lúdica del aprendizaje.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Experiencia Exitosa Ineval 2011.

                                                                   
El presente testimonio evidencia como el trabajo áulico cotidiano en una escuela rural multigrado puede representar una experiencia muy significativa cuando lo lúdico y lo metodológico se conjugan no solo para instrumentar una nueva forma de aproximarse a un objeto de conocimiento, sino ser a la vez la llave fundamental para conseguir no solo avances sustanciales en cuanto a parámetros cuantitativos refiere, sino permitirles a pesar de adversidades, lograr imponer lo cualitativo en el modo de conducirnos y en el de aprender encauzando intereses, necesidades y distintas formas de estructurar una nueva forma de pensar e interactuar.
http://www.ineval.chiapas.gob.mx//pdf/inicio/pub/m11_trabajo5.pdf

jueves, 18 de noviembre de 2010

Las diez nuevas competencias para enseñar según Perrenoud.

Entender a uno  de los teóricos hacia la profesionalización docente como lo es P. Perrenoud, es entender  el cúmulo de competencias profesionales que debería poseer el nuevo maestro del presente siglo, trascendiendo no solo de un rol pasivo a uno activo, sino que al mismo tiempo posea un sin fin de características que denoten aptitud y actitud para  enrolarse  eficientemente en el aula, que no solo es prioritario para adaptarse a las nuevas exigencias en el quehacer educativo, sino debe ser la expresión más escencial para alcanzar metas cualitativas de la enseñanza fincada en competencias apegado al mismo tiempo a un unico perfil de egreso que demanda actualmente la educación básica.